
Al regresar de una cita con mi consejero laboral y después de escabar entre la burocracia bendita "Made in Germany", que tiene lo aparatazo del control del estado, y lo liberal de la democracia inicial griega, incompensible pero existente, me encontré con un mensaje en mi correo electrónico, era Ramón, amigo con el cual discuté sobre política y quisimos arreglar el mundo con la pesistencia que cualquier humano tiene con 20 años, los caminos nos separó por un tiempo y nos vuelve a unir por medio de la facinante tecnología ,recordando a nuestro maestro Niciolás Curiel, hombre que nos entregó con sus conocimientos la filosofía del teatrero y la compleja manera de hacer teatro en cualquier lugar del mundo. Hoy estamos ambos Ramón (en la República Checa) y yo en (Berlín Este)pero sin muros y con la gloria del padre capital que nos dicta sus ordenes al comprar alimentos en el supercado cercano y que se repite en toda una nación confundida entre una divisón imaginaria que portan algunos alemanes y extranjeros que viven aquí.
Los recuerdos son entonces un incentivo para no olvidar hacia donde se vá y de dónde se viene, porque sin pasado no hay futuro, entendiendóse como motor de arranque perenne de vida y cubriendo los sueños con la tapa creativa e interminable del existir.
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