Después de dejarnos de ver por un tiempo, vino un emotivo encuentro entre mi SOL (mi hijo) y yo. Es como ver que su pesonalidad cambia, en respiros, con nuevas ideas, con su particular tranquilidad alemana que se alborota cuando nos vemos y reímos a cántaros de nosostros mismos, del pasado, del presente, de sus sueños, de sus amigas que pasaron de novias a un simple olvido, de sus notas en el coloegio, pero sobre todo, con mucho respeto, en la caótica armonía que siempre hemos tenido desde su nacimiento existe el amor que nos une.
La pubertad es una étapa de constantes cambios, en los cuales los padres nos olvidamos cuando pasamos por allí, yo por ejemplo, era terriblemente emocional, rebelde sin causa y sobre todo UN IRRESPETOSO que abusaba del amor de mi tía Esther que con inmnesa paciencia me aguantaba. Mi hijo es totalmente opuesto a mí, algo de cual me alegro. A veces los padres proyectamos nuestros deseos , sueños y frustramos a les frustramos sin dejarles sus proios respiros, sus propias decisiones, nos asuta que tengan caminos propios por recorrer, les atormentamos en la edad en la cual menos escuchan , ya que les aburrimos con nuestras pedagogías y nos actualizamos con sus realidades, pensando que aún son niños pequeños, mientras sus hormonas destilan nuevas formas todos los días. Entender a un hijo, no es pasar con el todo el día , sino crear un puente entre la parternidad y su crecimiento, entre sus íntereses actuales y los nuestros , es hablar, hablar,escuchandose mutuamente, sobre todos al respeto mutuo . Cómo padre solo deseo que mi hijo sea féliz y su camino es su decisión , su independencia humana, ya que como PROGENITOR , MI HIJO NO ME DEBE NADA y el amor que nos une no es una obligación como me enseñaron a mí (lamentablemnte) ... 