Creo no haber aprendido a no ser tán social y a tener miedo a enfrentarme cada día a la calle 61 con cra 47 ,en donde crecí. Simpre me quitaban mis juguetes y no solo lo ignoraba como niño, sino que me parecía inutil NO COMPARTIR. Olvidaba a quien le había prestado alguna pertencia que voz autoritaria demandaba mi mamá, reclamando cosas, que desde que nacía consideré COSAS, quizá por tener esa sangre judia interna . mi abuelo gurdaba su dinero y oro en latas de cal, para que nadie se las robara ,mientras su Imprenta Licona, era hervidero de contrastes culturales y humanos. Yo no aprendía a ser mezquino, por que me avergonzaba no compartir lo que tenía, a pesar de ser un hijo único que vivío de la mano de dos mujeres en constante batalla ,simpre quería entregar lo que tenía, sin saber si me lo devolverían, nunca medí el precio de una moneda, ni miro las cuentas al pagar, pero si veo el rostro satisfecho de quien recibe un regalo de mis manos, eso me aleja del muro, me coalinda con el ser humano y destruye la mezquindad que tiene un billete o una moneda. Por ello odio tener que trabajar por dinero, por que limita los valores, aunque cuando vaya al supermercado tenga que contar las monedas.
Siempre me catalogaron en mi familia como un despilfarrador Licona, ya que nuestro Abuelo murió lleno de arcas con perlas, diamantes, oro y plata ... pero solo, evuelto en sus pertenencia más tangibles y en la inmensidad en la que todos moriremos ...ENVUELTOS EN NADA;SIMPLEMENTE NADA.
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