El palacio de justicia no es su nombre, ni hay que pagar para entrar a ver semejante líneas plásticas, arquitectónicas, todas envueltas en pequeños detalles que nos rememoran a la BAUHAUS, esa expresiva y aún viva armonía alemana de principios del Siglo XX. Quizá a los nazis no les dió tiempo de analizar lo opuesto al régimen que se pasea entre éste museo palapable y vivo de sorprendente y simple belleza. Es el Tribunal Cívil de Mitte, lugar entre los que se pasean litigios , latosos abogados en busca de fortuna personal a costa de los que no sabemos que hay que decir y cómo hay que decirlo ante la presencia del juez. Pero éste lugar realiza una función más huamana que decisiones judiciales, es un recorrido visual, relajante y hasta pasivo , contradiciendo su servicio público. Sus escaleras amplias y sus barandillas de hierro contrastan con formas que giran ante la mirada observante del pasante. Sus amplias ventanas nos permite observar la inmensidad de su proporción , fuera y dentro de él. Las lámparas parecen haberse colocado en medio para una escena de " Metrópolis" de Fritz Lang , película rodada a 20 minutos de Berlín.
asistí a un proceso cívil , pero mis ojos y mi aire se congelaron entre tanta arquítectura , entre tantas expresiones que fueron remodeladas y hoy nos deja pasear entre luces, sillones, bancos y la actitud directa de empleados berlineses que nos encaminan a consumir en la Alcaldia de Berlin el mejor almuerzo alrededor , quizá algo que éste edificio no ofrece.
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