Una fila de uniformados de policías, de cueros y en comandancia, de Spaghetti de todos los tamaños , todos ellos de Italia, los franceses reservan sus mejores vinos sexuales en una espera, expectativas lúcidas con mortales llenos de dildos, ropa especial y alucinógenos de moda. Una policía vigila y hace una foto a modo de descanso , graba èste pasado de hace 48 horas que se disipa entre condones, cremas y demás derivados en cada rincón de un museo invadido sólo por hombres que se dan placeres entre sí , mientras afiches de pintores , enmarcan los patios interiores en una ceremonia sin anuncios , controlados por un grupo de seguridad heterosexual que debe ver como los genital de miles de machos descontrolan sus eyaculaciones , preparándose para cada rincón de música , combatida con luces que dejan ver siluetas, encuentros , casi familiarizados entre chimpancés modernos.
Los traseros libres y apetitosos provocan a pasantes listos para dejar sudores herméticamente calculados . No hay sorpresas al ver introducir miembros ante las poses instaladas de otros , huecos que desean acción. Los gritos de places provocan más invitaciones a complacer al insatisfecho, en un baile socialista de vergas repartidas y escasas en este hábito de comerse nalgas preparadas.
Sobreviven los turistas que buscan más sexo en la Babylonìa del Spree. Casi como anuncio de una fiesta acabada, el suelo derramado, los abrazos dejados, las tetillas rotas por sus masturbaciones, botellas de plástico vacías, colillas de condones usados y otros por dejar de usar, basura y algunas camisas olvidadas dejan el palacio prusiano , vecino a la "Rote Haus" , Alcaldía de Berlín , una soledad de empleados que recogen basura y comienzan a organizar lo que al día siguiente dejará una nota cultural en este museo que una noche dejó huellas eyaculadas en medio de Alexanderplatz, ahí en medio de una urbe ùnica.
Los traseros libres y apetitosos provocan a pasantes listos para dejar sudores herméticamente calculados . No hay sorpresas al ver introducir miembros ante las poses instaladas de otros , huecos que desean acción. Los gritos de places provocan más invitaciones a complacer al insatisfecho, en un baile socialista de vergas repartidas y escasas en este hábito de comerse nalgas preparadas.
Sobreviven los turistas que buscan más sexo en la Babylonìa del Spree. Casi como anuncio de una fiesta acabada, el suelo derramado, los abrazos dejados, las tetillas rotas por sus masturbaciones, botellas de plástico vacías, colillas de condones usados y otros por dejar de usar, basura y algunas camisas olvidadas dejan el palacio prusiano , vecino a la "Rote Haus" , Alcaldía de Berlín , una soledad de empleados que recogen basura y comienzan a organizar lo que al día siguiente dejará una nota cultural en este museo que una noche dejó huellas eyaculadas en medio de Alexanderplatz, ahí en medio de una urbe ùnica.
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