Era Febrero, casi 10 grados bajo cero, mi cama era un sofá , huyendo de un ratón poco sexual y poco inteligente. Como cucarachita que soy , me escondí entre un trópico inventado por libros, frases, sonrisas y risas pasadas, respiros ahogados por un baile o una caminata confirmando mi existencia entre ésta cloaca infernal, egocéntrica, autoritaria en el baño, que me desprende de mis defecaciones deseadas, de mis arrastres orgiásticos , a pesar de que mi pareja me diga "abuelita caliente", la sangre de cucaracha tropical defiende mis deseos dejándolos en leones, gorilas, osos panda y hasta canguros. Soy internacionalista con derecho a revisar la sexualidad de mi entorno casual o permanente.
Con casi 20 años como cucaracha colombo-venezolana en Berlín, aprendí a escuchar antes de abrir la boca, a tener paciencia colectiva en estrés cotidiano y silencioso. Mi calentura tropical se desvanece entre el hielo cerebral de mis ratones, a todos le doy chillidos dolores de placer, pero como puta y cucaracha asimilada en la República de Berlín, sigo siendo el centro exótico de una raza desaparecida en el año 2000.
Amo los antros exquisitos de Berlín, eyaculo sólo a ver tantas películas en vivo que siempre soñé. Las ratas que trabajan conmigo se contagian de mi energía diaria, semanal , mensual y anual. Ningún tiempo meteorológico me deprime, pero FALTA DE SEXO es para mí como una enfermedad sin remedio, casi como morir despierto sin haber probado hongos alucinógenos y hierbas similares. Mis ojos respiran un no sé que ambiguo, entre directora de cine y actriz protagonista , entre quejidos de ratones sádicos y leones u osos masoquistas . Abro entonces la puerta y el sol invade mi visión de cinco dimensiones , espantando de mis pensamientos las escenas vividas quince minutos antes. Me transporto entre los túneles con ese particular olor a bomba de la Segunda Guerra Mundial sin explotar, miro a otras cucarachas , una de ellas reconoce mi mirada íntima , mi complicidad
y se despide, mientras otras me quieren arrancar la vida con sus deseos, entonces respondo con la presencia de un beso hacia mi ratón, que sólo fue una noche loca, de copas, de métemela que te la meto , placeres comienzo y finales de 12 horas. En el camino hacia mi inodoro desvanezco mis momentos vivido arropándome mis defecaciones primarias con la realidad, desprendiéndome del pasado inmediato, pero sigo despertando todos lo días con respiro diferentes, a veces pensando que mi vecina alemana convertida al islamismo puede ponerme una bomba de TNT mata ratas, o la cajera del supermercado con sus tatuajes visibles me inyecta una dosis de anti- semitismo animal, pensando en los caballos judíos que me complacieron.
No es difícil vivir entre ratas y ratones alemanes, difícil es tener su cultura que se abre y cierra como un abanico de plumas de cucarachas mariconas. Difícil es no sentir su cólera o envidia en cada mirada , por ello decidí mirar hacia el suelo que está bellamente suavizado por mierda canina de mis compañeras más queridas en ésta sociedad protectora de perros , ignorando mis genes despreciados en un baño sin olor a orín ...horrible demasiado limpio para quien usaba restos de papel, ahorrando por necesidad.
Sin embargo, memorizo mis mejores tiempos vividos entre hojas de otoño desvanecidas con una nevada sutil en éste año 2015, el más cálido en 100 años, ahora que llegan más cucarachas me preparo para ampliar mis conocimiento geográficos, siempre renovando mis cinco sentidos en ésta eterna ciudad que nunca duerme.

Un detalle
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