Caminando entre recuerdos de la llamada República Democrática Alemana y su capital Berlín, se respira hoy lo que no hubo ayer: Libertd de expresión. Gamas de grafittis , aplicaciones en improvisados andamios, recovecos entre los que se encuentran personas caminando con perros o desplazándose hacia el trabajo o familias de turistas que vienen esclusivamente a Berlín a ver lo que aún forma parte del pasado con discursos del presente. Casas que ya no están ocupadas por jóvenes , ya que la protesta ya pasó a los niveles del Internet, de la rapidez no muy elocuente pero funcional. Pero tambien en una década, Berlín se divide más y más , con la llegada de los "nuevos berlineses" (habitantes del sur de Alemania y otras regiones con mejor poder adquisitivo y laboral) que preuban en la capital su sobrevivencia, siendo independientes, alejados del costo elevado de los alquiles y tolerentes al vivir entre la llamada "altanería berlinesa" (mezcla de ser directo y poco atados a las reglas convencionales) muchas veces mal interpretadas por mí, pensando que llegan a ser racistas (cuando no se saben interpretar en contexto y situación).
En el oriente de Berlín se dejan ver formaciones de grupos culturales y creativos que con su acción visible, cambian la panorámica de una ciudad que va perdiendo su encanto particular para tranformarse en un "epidemia arquitectónica global" sin comprender su propia evolución social .
Sin embargo los creadores de la calle, los de a pie, los que quieren dejar huella al pasar y con sus acciones re-pensando la ciudad que tenemos, seres que existen cada día más y se multiplican oponiendose a la uniformidad cultural en una urbe con acento propio.
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