Berlín es un pueblo-ciudad, pero con la diferencia que aquí se puede ser anónimo, no sabiendo quien es nuestro vecino y sobre todo que nadie toca la puerta para saber a quien tengo en mi cama, quien grita entre satisfechos chillidos o quien se ducha cantando. Amo Berlín, amo baílar sólo en mi casa y no ser pertubado por una señora chismosa que viene a indagar mi privacidad, amo no tener que saludar cuando no quiero, amo ser un anti- social en una metrópolis con mentalidad propia y altanera, pero extraño comer una guayaba hasta tener dolor de estómago o hacer sexo en los lugares más inóspitos , en las posturas nunca imaginadas ESO EXTRAÑO! el sol no lo extraño , ya que con él nací y moriré, está 100 % en mis venas , en mi sangre, en mi personalidad. Pero escuchar decir que se extraña el sol , es pensar que cuando viviamos en el Caríbe los rayos nos molestaban y ahora por insatisfechos los recordamos. Adoro tener que restregar mi cuerpo con otros extraños sin preguntar ni palabrear tanto, cambiando de una situación fisiológica a una de plantel psicológico y pseudo-intelectual, matando las neuronas del placer y dejándo en el camino las frutraciones que terminan facilmente con nosotros. He aprendido que en Berlín cada uno tiene por su acción la definición humana , he recibido miles de manos me aún me extienden su amor, la mejor parte de sí, quizá porque yo lo deseo, lo provoco y no me detengo en frustraciones que pertuben mi felicidad, ya que al final todos queremos ser felices, pero ella no tiene PRECIOS REDUCIDOS; NI VIAJES CON FOTOS EN FACEBOOK; ELLAS TIENEN LAS LÍNEAS SATISFECHAS DE UN BUENAS HORAS DE SEXO;DE LABIOS ELOCUENTES Y ESPÓNTANEOS COMO LOS MÍOS, aunque la espóntaneidad alemana es una interpretación que cada uno define. Los latinos que aquí vivimos extrañamos lo que hemos idealizado en la ausencia , pero la realidad que tenemos es ésta , ahora , en horas, minutos, segundos y nanosegundos ... 
Fernando, amable relato y estás allí para provocar al espacio alemánico, con el ritmo de tus pasos tamboreros, con el pestañar de la seducción y el paladar henchido de besos,sexos,frutos y otros platos degustados. Anda, camina con el disfrute de ser anónimo, con la mirada posada en los cuerpos que deseas abigarrar en tu lecho. Grita con las pausas respiratorias que vienen del lenguaje que se escapa de los placeres de la carne. Date, bébete y vive a plenitud esa Berlín de marathones, y desde ese lugar de enunciación, revive tu Caribe ensoñador.
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